lunes, 23 de junio de 2008

EL ATENEO DEL RELONCAVI EDICION INEDITA

E L A T E N E O
DEL RELONCAVÍ

Quincenal e independiente

Riberas del Tenglo, solsticio gélido.
año 1 número 1

“No desalojarán las ideas, al menos no hay cadenas para la creación, en efecto imaginemos por un momento, donde se refugiarán aquellas que arrancan
de la humana codicia, de la desmesurada pasión tanática que las destruyen.
No hay tentativas de censura entre los hombres libres, los que no temen de la verdad sino que se mofan de sus tentáculos perversos y crueles”.

“El tiempo nos va dando la razón..
Y la iniciativa del emprendimiento de nuestros sueños la certeza de no equivocarnos.
Muchas veces atrapados en secretas intenciones, optan obedientes por vigilar nuestros pensamientos, nos juzgaron y callamos, y ese silencio agobiante y perturbador
nos mantiene atentos pero cabizbajos”

“En el futuro la suerte disparará primero al alma errante, por su miope raciocinio socavada.
En el resto de la temporada entrante, no habrá imágenes sensatas, más bien solo existirán encuentros furtivos con aquella realidad, solventada en domésticas impaciencias”

“No desalojarán al invitado a saciar sus ambiciones,
ni se nutrirán de sus intenciones.
No al menos cuando estemos presentes”


Éramos los mismos torturados de siempre.
Por el sol implacable, por el desborde del río
Soportábamos la negra escena, con amargura y fé
Del dolor sacábamos la fuerza, la esperanza era el aire
Que respirábamos para no sucumbir aquel verano
Y temíamos, temor al olvido, al desarme de la mente
Censuraban nuestras conciencias, nos impedían soñar,
A otros les abrían vacantes en la universidad, eran sus clientes,
A los hijos les daban la peor educación
Libros para obreros, para cesantes ilustrados, de pronto…
No hubo más censura, podíamos soñar, aun sufríamos.
Ya no había miseria, había dignidad
Prosperidad y alegría, aquel verano nuevo
Ya no éramos apocados, sufridos ni grises.
Éramos auténticos, amables y entusiasmados con el calor.
Era democracia, frágil como una rosa en un mar de espinas.
Era justicia, la de los verdaderos hombres,
no de bufetes calculadores, de ajenos intereses.
Sus rosas deben seguir brotando, cubrir todo el jardín.-
autor: Luis Felipe Zuñiga

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